Antonio Espadas Carrasco
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Revista Escuela de Imaginería 2


Número 39 Ediciones Cajasur

Antonio, tu relación con la imaginería religiosa partió hace años de un encargo, sin embargo ahora es algo que haces y a la que te entregas por deseo propio. ¿Qué ha producido en ti ese cambio? ¿Qué has descubierto en la imaginería que desconocías?
El tránsito por donde uno camina no es sino una mezcla azarosa de anhelos, circunstancias y pasiones. Crecer en Úbeda supone tener ya de partida una relación honda y cotidiana con la Imaginería, y con todo cuanto impregna la Semana Santa.
Uno de los recuerdos mas primitivos que guardo de emoción ante una obra de arte siendo yo muy pequeño, es la imagen del Cristo Yacente de Palma Burgos en la penumbra mágica de Santa María, o el transito del Cristo de la Noche oscura por las callejas de Santo Domingo, y aquello que me admiraba, me hacía soñar con ser capaz, algún día, de generar tanta magia como aquello provocaba en mí.
Si bien la pintura y la escultura "no religiosa", (si es que ambas pueden dejar de ser religión o creencia), han sido mi actividad durante años, la seguridad de que alguna vez haría un cristo crucificado, como lo soñaba de niño, siempre la mantuve con ilusión.
Y cuando uno anhela algo, el azar pone la ocasión. Esta fue un encargo, hace años, de una imagen para la Semana Santa de Villanueva del Arzobispo, que no hizo sino abrir la caja cerrada de los deseos dormidos y permitirme entrar en un mundo, mezcla de oficio, estética y creencia que me fascina cada día mas.

¿Por qué un Cristo yacente?
Al tratarse de una obra que emprendía no por encargo, sino por necesidad íntima en un determinado momento vital, pude escoger el instante de la
pasión de Cristo que por aquel entonces me parecía más emotivo. En realidad no se muy bien la razón ultima por la que decidí representar el momento apaciguado y relativamente sereno que se desata tras la vorágine de la pasión y muerte de Jesús. El instante de serena esperanza que se abre tras la desolación del dolor, y el atisbo de felicidad que empieza a intuirse en el misterio de la inminente resurrección.
Quizás sea la mezcla de dolor y esperanza que esconde ese momento, y su metáfora vital que puede proyectarse en nuestra propia vida, lo que me animó a realizar esta imagen. Xo lo se, quizás fuese el peso de aquel recuerdo infantil del Yacente de Palma Burgos al que antes aludí. Nunca uno sabe las verdaderas razones de los impulsos vitales, como nunca se sabe las razones de un querer.

¿Cómo ha sido el largo proceso de elaboración de esta figura?
Largo, muy largo, y cargado de momentos vitales muy complejos, paralelos a los avatares de mi propia vida. En su modelado inicial, sufrió varios parones de meses por circunstancias personales, etapas de "abandonos"que a punto estuvieron de haberlo hecho desmontar después de tenerlo ya casi concluido. Pero era tal la intensidad de emociones que había depositadas en aquel Cristo que me había acompañado durante tanto tiempo intenso, y fue tal el ánimo y la ilusión de quienes me rodeaban por que aquella imagen saliera adelante, que finalmente emprendí el trabajo para concluirla, que como se sabe, en escultura, esta cargado de procesos técnicos largos y muy complejos.

¿Qué era lo que te preocupaba más del resultado final? ¿Qué aspectos de la figura te interesaba resaltar?
Como antes te decía, el complejo momento representado, el cuerpo de Cristo depositado, inmediatamente después de descolgarlo de la cruz, aún sin preparar para su sepultura, con todos los rastros de la terrible pasión en su cuerpo ensangrentado y magullado, es una mezcla del terrible y violento dramatismo de la muerte, y la calma, serenidad y remoto atisbo de esperanza que anuncia una inminente resurrección.
Por otro lado quería dar la sensación de una muerte reciente, con un cuerpo aun flexible, sin la rigidez de la mayoría de los Cristos Yacentes, con los ojos aun entreabiertos y con una expresión en la cara de paz tras la consumación de la tragedia.
Tragedia y paz, dolor y esperanza. Dar forma armónica a ambos sentimientos tan contradictorios resultaba complejo, y era lo que mas me preocupaba que la imagen lograra expresar.

¿Qué sensaciones te produjo como artista y como persona una vez terminada?
Por un lado la emoción de ver hecho forma un anhelo, la satisfacción por la obra concluida, el sobrecogimiento ante la imagen de todo un Dios que había salido de mis humildes manos y ya se escapaba de ellas convirtiéndose en tránsito para mis oraciones, aquello dejó de ser escultura para ser objeto donde verter la Fe, y la humildad de sentirse uno un mero medio de algo que se había producido y ya no era mío.
Como artista, la certeza de haber volcado en esa imagen algo más que conocimiento, técnica y sensibilidad, y cómo no, una siempre presente cierta insatisfacción autocrítica que te hace intentar lograr en siguientes intentos aquello que se te resistió.

Como imaginero ¿qué es lo que mas te gusta de la Semana Santa ubetense?
Sin lugar a dudas, la huella siempre presente de Francisco Palma Burgos que lo impregna todo. Supo hacer una simbiosis perfecta entre la expresividad barroca malagueña de sus orígenes, con la elegancia y sobriedad del renacimiento que nos inunda. Hay magníficas imágenes de grandes escultores como Mariano Belliure, Juan Luis Vasallo... etc. pero para mí son obras como el Cristo Yacente, la Virgen que lo acompaña, el Cristo de la Noche Oscura..., todas ellas de Palma, las que saben dar forma al carácter de esta Semana Santa, diferenciándola de las demás.

¿Qué ha aportado la imaginería a tu carrera artística?
Uno no ha hecho otra cosa desde siempre sino intentar dar forma a
los sentimientos, hacer materia lo intangible, y buscar respuestas a las preguntas que pudieran sostener las creencias. Y todo ello a través de la belleza. Y en ese anhelo la imaginería es para mí el medio perfecto donde confluyen la estética y la creatividad del artista, la técnica y materias del inventor y artesano, y las creencias que sustentan el sentimiento religioso que todo ser humano esconde dentro.
Por otro lado, la imaginería con su trabajo complejo y paciente, con la humildad de sentirse simple hacedor de algo, me reconforta frente a la vanidad exhibicionista que inunda en muchos casos el mundo del arte, en la que los artistas se consideran el ombligo del mundo, ingeniosos inventores de conceptos y ocurrencias. Frente a esto prefiero la reconfortante humildad del artesano que hace su trabajo con la sencillez de quien se sabe un mero medio, y no un fin.

¿Cuáles son tus próximos proyectos en el campo de la imaginería religiosa?
En la actualidad estoy realizando las imágenes de una Virgen y Nicodemo, que acompañaran como grupo al Cristo Yacente que antes mencionamos, y trabajando en algunos futuros proyectos que se van concretando en estos días.
Finalizada la entrevista, dejo a Antonio Espadas trabajando en su estudio de la Calle Molinos y mientras camino pienso que todos esos proyectos pronto formarán parte de la ciudad, se fundirán en ella, haciendo más comprensible la verdadera razón de su belleza.

LUIS FORONDA GÓMEZ

©Antonio Espadas Carrasco

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