Antonio Espadas Carrasco
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Artículo en Semanario Úbeda Información


Publicado el 19 de Febrero de 2005.

el personaje

Antonio Espadas Carrasco, pintor y escultor ubetense, nos desvela los secretos y mitos que rodean al artista así como su propia trayectoria profesional

"El arte contemporáneo se ha convertido en una feria de la vanidad"
CHESCA MARTÍNEZ • Úbeda
ANTONIO Espadas es un artista de pura cepa. De casta le viene al galgo y en sus manos los materiales adquieren infinidad de formas que hacen de sus lienzos y esculturas auténticas obras de arte. Entiende su trabajo desde lo terrenal e, incluso, desde lo mundano alejándose de los mitos que rodean siempre al artista. Sencillo y a la vez bohemio, así es Antonio Espadas. -¿Desde cuándo su dedicación al mundo del arte?
-Mis inicios vinieron de la mano de mi padre. Siempre me había gustado dibujar y la herramienta de mi padre era la pintura. Así, que me fui a Sevilla y cursé la licenciatura de Bellas Artes en la especialidad de pintura. Cuando terminé la carrera volví a Úbeda y gané la plaza de escultura de la Escuela de Arte, que curiosamente no era mi especialidad. Este contacto con la escuela fue el que me encaminó más al terreno de la escultura que al de la pintura.
-¿Se siente más pintor que escultor, más escultor que pintor o simplemente artista?
-Yo creo que al final es todo lo mismo. Uno lo que busca es darle forma, darle materia a los anhelos, a las preguntas que te cuestionas en el día a día. El artista es el ser más primitivo que hay ya que necesita coger la materia para dar forma a la parte interna y abstracta que existe en el interior de cada uno. Por lo tanto, el material con el que lo hagas es casi circunstancial. Yo ahora estoy haciendo escultura, pero antes me dedicaba a la pintura y posiblemente siga cambiando por-
que da igual el material en el que me exprese. Por circunstancias casi azarosas, ahora mismo me siento más cómodo con la escultura, pero quizá cualquier día vuelva a la pintura por despejarme un poco.
-¿Es cierto que en cada obra el artista desnuda su interior? -Esto es un tópico. Todo el mundo cree que la pintura o la escultura sirve para contar la vida íntima del artista, de volcar sus angustias...Y es verdad que esto sucede pero indirectamente, cuando uno lo busca no ocurre. Yo no intento contar mi vida ni mi estado de ánimo, pero es cierto que ese estado de ánimo o las circunstancias que te rodean van a condicionar el resultado final de la obra; pero no necesariamente porque yo lo busque. Cuando estoy pintando estoy componiendo y está claro que mi carácter, mis circunstancias y mi estado de ánimo va a condicionar el que las cosas salgan de una manera o de otra. Realmente es una mezcla de todo, algo muy azaroso. El resultado final de un cuadro es pura casualidad. Después podemos argumentarlos, relacionarlos, incluso, con nuestra historia, analizarlos y obtener consecuencias del sentido que pueden tener las cosas. Pero cuando yo trabajo no intento representarme a mí mismo. Quizá por eso ahora estoy más interesado por el mundo de la imaginería, porque estaba algo saturado del protagonismo del pintor por encima de la obra. -¿Pero esto es algo habitual entre los artistas?
-El arte contemporáneo se ha convertido en una feria de la vanidad donde el artista se cree tan importante que es su propia vida la que se convierte en la protagonista. Realmente yo creo que no es así. El artista siempre ha sido el medio que ha dado forma pero basándose en la realidad de la vida. El artista ha sido un puro medio, que no es poco. Hoy, sin embargo, se ha convertido en la finalidad del propio arte cuando las circunstancias, las angustias o la historia del artista no me importan nada y creo que no le importan a nadie. El intentar volcar la vida de uno en su obra es un poco de prepotencia y de vanidad. De hecho la persona más vanidosa es el artista que cree que ha hecho algo trascendente e importantísimo. Pero en realidad es algo muy sencillo que revestimos de cierta aura de misterio que muestra al artista como el chamán o el brujo de la tribu, un ser entre lo divino y lo humano. Sin embargo, el artista es el ser más terrenal que existe. No creo que exista algo más primitivo como aquella persona que necesita del barro para hacer figuras.
-Entonces...¿el artista nace o se hace? -Yo creo que hay un poco de todo. Existe una predisposición en cada persona para determinadas cosas. Entonces intentas cumplir ese papel con el talento que 1 vida te ha dado. ¿El talento es natural?. Pues creo que un cierto talento natural pero también hay que buscarlo porque en determinadas circunstancias ese talento fructifica o se ahoga. En el camino artístico uno va madurando y descubriendo cosas, contradiciéndote a ti mismo. No te puedes agarrar a dogmas o creencias porque lo que a mí me ha enseñado la vida es que todo en cualquier momento puede cambiar. Y en arte pasa algo parecido. La técnica la puedes aprender, pero luego depende de ti, cada uno busca su camino. En realidad ser artista es uno de los trabajos más absurdos que hay puesto que sus obras no sirven para nada. No es algo que sea útil, pero sin embargo es algo muy valioso porque es atemporal y trasciende al ser humano.
-¿Cómo definiría su propia obra? -Es algo complejo. El que lo ve de fuera percibirá una cierta habilidad, un estilo, pero el propio pintor es muy difícil definirse. Yo lo que busco en pintura es totalmente diferente a lo que plasmo en mi escultura, quizá más ahora que estoy dedicado de lleno a la imaginería religiosa. Mis cuadros son composiciones muy sencillas, casi minimalistas, con elementos figurativos y simbólicos, muy poco reconocibles. Sin embargo, mi escultura es tremendamente realista, la imaginería que simula la hiperrealidad. Hay muchas contradicciones en la obra que uno hace, porque cada cosa nace de una motivación diferente.
-¿Recuerda su primera obra? -La verdad es que no porque siempre he estado dibujando. Lo que sí recuerdo es
mi primer cuadro pintado al óleo, una copia del lienzo de -Saturno devorando a su hijo- de Francisco de Goya. Pero esta no
fue mi primera obra.
-¿Algún cuadro o escultura que recuerde
con especial cariño?
-Cada cuadro tiene su encanto porque los asocias a determinados recuerdos de tu vida, quizá esto es lo que tiene de valioso, no para los demás sino para uno mismo. Y de mis últimas esculturas de imaginería quizá de la que me siento más orgulloso es la de -Cristo Yacente-. Es una escultura que pasó por muchas vicisitudes y etapas por lo que está cargada de muchos recuerdos y emociones. -¿Le gustaría ver procesionar a alguna de sus tallas?
-Claro que sí, para mí sería un orgullo. En primer lugar porque es el entorno que uno reconoce como más cercano y además a mi me encanta la Semana Santa desde pequeño. Quizá yo hago ahora imaginería por cumplir esos sueños de infancia. Por lo tanto ver una imagen tuya procesionar en Úbeda sería todo un orgullo.

©Antonio Espadas Carrasco

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